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  |   08/03/2010
Un triunfo emocionante

Tigre sacó pecho en el Ducó y derrotó al Globo 3 a 2 en un partido con todos los condimentos. Un resultado cambiante, muchas opciones de gol y desafortunadas lesiones fueron los protagonistas de un domingo para volver a creer

Así fue como el conjunto de Caruso Lombardi se llevó los tres puntos de Parque Patricios, inexpugnable reducto desde que Tigre volvió a Primera División. Es cierto que el planteo táctico fui muy diferenta al que mostró ante San Lorenzo y similar a la derrota como local ante Independiente, sin embargo esta vez la contundencia, solidaridad de equipo y la diosa fortuna estuvieron de nuestro lado.

Desde el minuto uno de partido el Matador comenzó a mostrar sus garras aprovechando los errores del Globo y acorralando a su rival contra su arco a base de centros y disparos desde afuera. Uno de esos centros, esta vez lanzado por el Chino Luna, intentó cabecearlo Leandro Lázzaro sin éxito y tras el fallido rechazo del arquero Monzón, por detrás del 9 llegó el defensor Paolo Goltz que se la llevó por delante venciendo su propia valla. Fortuna o no, Tigre encontró lo que merecía hasta ese momento, el desnivel que confirmase su superioridad en el marcador.

Cuando todo parecía controlado una fea lesión de Oliva (fractura de maxilar derecho) produjo el prematuro movimiento del banco de suplentes y el consecutivo cambio del lateral, que hasta ese momento, mostraba su solvencia defensiva. Una infracción en la mitad de la cancha fue la que propició el empate del local, a los 28 minutos de esa primera mitad, cuando Eduardo Domínguez desvió el pelotazo largo que terminó descolocando a Daniel Islas, despertando el malestar de todos, que pensaban que otra vez Tigre se amigaba con su mala racha.

El amor propio de los jugadores volvió a la carga después del empate de Huracán porque no se atrincheraron atrás ni mucho menos, siguieron viendo con buenos ojos la posibilidad de llegar nuevamente a alcanzar una nueva conquista. En el descuento del primer tiempo, tras una larga pared construida entre Luna y Lázzaro terminó en centro para que la baje Martín Morel y deje a Luna con el arco a su disposición, y de espaldas definió con un taco sutil para poner a Tigre nuevamente con el marcador a favor. Pocos minutos después, una jugada desafortunada nos dejó sin Rubén Botta, quien tuvo que dejar la cancha para que sea Gonzalo Choy González quien lo reemplace.

El segundo tiempo comenzó con un Huracán mas ofensivo intentando vulnerar a la defensa Matadora, ya con un improvisado Ramiro Leone como lateral y una coordinación interesante entre los cuatro de atrás y el mediocampo. Pero como la historia contemporánea de Tigre ya cuenta con capítulos de alto contenido emocional, llegó el nuevo empate de los de Rivoira, mediante otro cabezazo en el área, esta vez del volante Esmerado, quien puso un 2 a 2 inmerecido.

Una vez que llegó la igualdad de Huracán el plateo de los de Caruso fue compactarse en el medio campo, con la premisa de desbaratar todo ataque del loca e intentar salir de contragolpe. El empuje de Lázzaro logró dejar al goleador mano a mano contra Monzón en una posición inmejorable para definir pero su ejecución esquinada se despidió rozando el poste, detrás de la línea final. Aquella “suerte esquiva” mencionada por el DT durante la semana pasada parecía clavarse como una daga hundiéndose nuevamente dentro de las ilusiones Matadoras.

Pero la historia del domingo tenía un guiño guardado para nosotros, a los 21 minutos de la segunda mitad, un tiro libre preciso ejecutado por Luna dio justo en la cabeza de Claudio Pérez, que con un leve desvío colocó la pelota lejos de las expectativas del aquero quemero. El grito de gol y los brazos apuntando al cielo, del ex La Serena de Chile, dejaron una emocionante postal que parecía confirmar que esa tarde de sol en Parque Patricios tendría un final color rojo y azul.

Así fue que con mucho amor propio y sacrificio el Club Atlético Tigre terminó llevándose la ansiada victoria del Tomás Ducó, contra un urgido rival, sorteando todos los obstáculos que sufrió en los 90 minutos y con esa pizca de suerte que el equipo necesitaba.

Fernando Viale

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